
LA DUALIDAD DOLOR Y PLACER.
Comer unos dulces puede ser un placer o convertirse en dolor si no es el momento o nos excecedemos.
Habitamos una realidad dual, noche-día, frio-calor, soledad-compañía, lleno-vacío y … así hasta cualquier cualidad física, psico-emocional o energética.
Y es también claro que también hay puntos intermedios en donde transitamos de un lugar a otro.
Pero hay una dualidad fundamental que impulsa nuestro comportamiento, la del Placer-dolor.
Y nuestro impulso es ir hacia el placer y huir del dolor. Es algo natural y orgánico.
Sin embargo, es una ley universal que todo tiene su opuesto, y tanto el placer como el dolor formaran parte de nuestra existencia. Y ambos tanto dolor como placer son necesarios.
Dolor. Si en vez de decir dolor, decimos incomodidad, nos resultará más fácil entender que sentir una incomodidad es un aviso a tomar alguna acción para encontrar comodidad. Lo mismo es con cualquier tipo de dolor, físico o emocional y sea cual sea su intensidad, es una señal que algo necesita ser atendido.
Dicho así resulta obvio atender nuestros dolores e incomodidades. Y sin embargo, las demandas de nuestra vida cotidiana, el cumplir objetivos y expectativas, nos puede insensibilizar de sentir lo incomodo, doloroso, que nos podría obligar a parar o hacer cambios que en ese momento creemos no podernos permitir.
Pero…
No sentirlo, obviarlo, no hace que desaparezca, y seguirá manifestándose tanto físicamente como emocionalmente.
No es fácil sentir el dolor, la incomodidad, la tensión y sin embargo no afrontarlo es seguir ignorando sus causas y su remedio.
Placer. Si nos preguntan todos diremos un “Si” al placer.
Y gran parte de la economía, y de nuestras acciones y propósitos van en la dirección de obtener placer.
Pero..
¿En que medida dependo de cosas externas para sentir placer?
¿El placer me lo proporciona algo externo, o está en mí y lo externo solo lo amplifica?
Cuando estamos sensibles, conscientes de nosotros y nuestro cuerpo, estamos más receptivos a sentir placer y dependemos menos de obtenerlo con estímulos externos intensos.
Comer en exceso, beber en exceso, ver constantemente estímulos en pantallas, comprar sin necesidad objetos, ropa etc, llenarse de actividades o estar constantemente proyectados a posibles escenarios futuros en donde si se dará el placer en algún viaje, experiencia…; pueden ser síntomas que nuestra capacidad de sentir placer esta mermada por inconsciencia, stress, tensión emocional no resuelta.
La dicha puede estar en los pequeños-grandes placeres que nos puede ofrecer el día a día, y todo ello empieza por estar a gusto y abiertos al placer en nosotros mismos y en nuestro cuerpo y emoción.
Y a menos que estes pasando por problemas de salud o económicos graves, el solo hecho de estar vivo, respirar, y poder tomar tus decisiones diarias, es un placer en sí mismo.
Y ello nos hace más libres y menos dependientes.
Cuerpos conscientes y relajados.
Así que tanto para poder atender nuestros dolores como estar abierto al placer, necesitamos ser conscientes y sensibles a ambos. Y solo un cuerpo lo suficientemente relajado y libre de las tensiones emocionales excesivas, puede estar abierto y disponible a vivir de manera orgánica la inevitable dualidad dolor-placer de nuestra existencia
Andreu M.
*Escrito sin IA

Muy acertadas tus consideraciones; el intentar ver la vida como un mundo de yuppi sólo nos lleva a una frustración constante.
El saber observar y reflexionar puede ayudar mucho dentro de una vida en lo que esta al orden del día es el piloto automático.
Como tu explicas bien con el simil del traje, somos y podemos ser artifices de generar cambios que nos lleven a una vida mas vivida y menos imaginada.
Gracias, seguimos en contácto.
Así es Carlos.
Y los pilotos automáticos se forjan a base de repeticiónes a lo largo de nuestra vida y la manera de cambiar los es eligiendo y repitiendo otras maneras, hasta que nos puedan salir de una manera más natural y espontánea.
Seguimos….