Ya no se pone en duda los beneficios de la meditación y hasta la ciencia con numerosos estudios lo corrobora.
Pero…. Habiendo maneras aparentemente sencillas de meditar, porque nos cuesta hacerlo e incorporarlo a nuestra vida.
Yo mismo soy un ejemplo de las dificultades a la hora de poner en práctica la meditación. Hace ya más de 15 años que empecé mi práctica de yoga y a empezar a ver que era meditar. Sin embargo, sentía muchas dificultades a la hora de implementar la meditación a mi vida. Probaba diferentes técnicas y tradiciones, desde el budismo zen hasta formas más nuevas y occidentales, pero a la hora de ponerme yo en mi casa y en mi día a día, me costaba estar a solas, sin nada que hacer y solo estar presente. El tiempo se me hacía eterno, mi mente estaba muy activa y era una lucha no estar enganchado a algún pensamiento. Y en quietud, mis sensaciones corporales distaban de sentirlas relajadas.
Me frustraba y lo dejaba.
Con el tiempo después de investigar, experimentar diversas metodologías corporales, recibir terapia y auto conocerme, entendí el porqué de mis dificultades.
¿Qué es la meditación?
No es mi propósito en este escrito hacer una exposición de lo que es la meditación, pero si recalcar una parte importante de ella y que nos hará comprender las dificultades que tenemos en meditar.
Meditar es adquirir consciencia y una parte de ser consciente, es darse cuenta de lo que me sucede en el presente, sin rechazar y sin buscar, y eso incluye pensamientos, emociones y la fisicalidad del cuerpo. Y es ahí donde radica la dificultad.
Para meditar necesitamos relajarnos. Y es precisamente al intentar relajarnos en donde entramos en contacto con nuestras tensiones psico-emocionales y físicas y estas se nos hacen más evidentes.
No somos culpables si nos cuesta meditar.
Estas son algunas de las posibles causas de nuestra dificultad, conocerlas no solo nos quita la culpa sino que nos permite abordarlas y solucionarlas.
La disociación.
La disociación es un mecanismo de defensa que tiene nuestro organismo para desconectarnos de eventos emocionales que han sucedido a lo largo de nuestra vida y que han podido ser demasiado intensos para nosotros y han quedado ocultos en nuestro inconsciente.
No es algo malo y es una respuesta natural y necesaria en su momento pero que nos dificulta la vida al transcurrir el tiempo.
Hay muchas maneras de disociarse, pero como comunes denominadores, el organismo aprende a desconectarse del cuerpo y sus sensaciones que es precisamente donde se expresan las emociones dolorosas. Así que cundo nos dicen conecta con tu cuerpo y respiración y deja pasar tus pensamientos, no nos resulta tan sencillo.
También se puede poseer una mente muy activa que piensa compulsivamente, tener la necesidad de realizar actividades constantemente, buscar distracciones externas sin parar, y en algunos casos con comportamientos adictivos a sustancias, móviles, personas, comida, para aletargarnos e insensibilizarnos.
Y todo ello para evitar estar a solas con nosotros en quietud, porque nos resulta incomodo al entrar en contacto con el estado de nuestro sistema nervioso y emocional.
Heridas emocionales y estado de alerta.
Si a lo largo de nuestra vida hemos tenido eventos emocionales que no hemos podido procesar convenientemente, nuestro sistema nervioso queda en un estado de alerta o tensión, que tendrá diferentes grados de intensidad, dependiendo de los acontecimientos externos que nos ocurran. Así que nuestro sistema nervioso no se acaba de relajar nunca del todo y nos acompaña permanentemente.
Al ponernos a meditar entramos en contacto directo con ese estado de tensión subyacente e inconsciente y eso hace difícil la quietud y el silencio.
No nos comparemos, todos podemos llegar a estar en estado de calma que propicie la meditación, pero algunos necesitamos ir lentos y progresivos a nuestro propio ritmo y en algunos casos hacer procesos terapéuticos previos.
Haztelo fácil
Antes de ponerte a meditar si te cuesta, es necesario adquirir consciencia corporal y aprender a relajarse.
Maneras
-Deporte: Es una manera de empezar a entrar en contacto con el cuerpo y su energía. También podemos experimentar relajación al final del ejercicio .
Pero ojo, una relajación con beneficios profundos y a largo plazo no se da por cansancio o agotamiento como en el deporte, sino por todo lo contrario, por dejar de hacer, por permitir que la tensión ceda.
-Yoga, chikung, paseos por la naturaleza y otras prácticas conscientes: Al cuerpo le gusta moverse, y si lo hacemos con lentitud y acompañados de la respiración nos inducirá una relajación genuina y beneficiosa. Elige un tipo de yoga o practica que no te exija mucho a nivel físico y te agote, o te tense a hacerlo bien o conseguir objetivos, sino estarías más cerca del deporte que de una práctica consciente.
-Arte: Bailar, escuchar música, pintar teatro y cualquier expresión artística que nos ayude a conectar con la emoción y expresarla y nos ayude a frenar el pensamiento compulsivo.
Hacer un proceso terapéutico
Puede no bastar lo anteriormente dicho y ser necesario un proceso de terapia para abordar heridas y traumas emocionales no resueltos que impiden una relajación genuina.
Bypass espiritual
Y por último tener en cuenta que se pueden manipular practicas meditativas y espirituales para crear experiencias temporales de felicidad, desarraigadas de nuestra realidad y nuestro estado emocional cotidiano, como pequeñas capsulas de evasión pero que no nos llevan a cambios profundos y duraderos en nuestra vida.
Una práctica espiritual genuina no niega la materia ni la realidad, es más, nos lleva a ampliar la mirada sobre ella, con más perspectiva, con más matices, con sus partes agradables y las que no lo son, para afrontarla y vivirla de la manera más beneficiosa.
Cualquier duda, pregunta, aportación al texto, coincidencias y desacuerdos son bienvenidos.
Escrito sin IA.
Andreu Morros

